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Dios lo quiere, disfrutemos de la mesa y el amor

Noticia 4

A poco que viajamos, observamos el alto nivel gastronómico de muchos restaurantes donde con imaginación, resaltan los sabores que para nuestra nutrición, nos ofrece la naturaleza, con algún "chef de cocina que comparte popularidad con el mismo Zidane”.

Olvidaros de esos "genios" de cocina - pocos pero los hay - que en aras de una supuesta imaginación y modernidad, mezclan sin ton ni son, todo lo que encuentran a mano, ofreciéndote platos sin ninguna identidad, rompiendo normas tradicionales de los grandes maestros, de no añadir nada a un producto, que desvirtúe su personalidad.

Varios son los motivos para que se haya producido esta explosión gastronómica, siendo el más importante, el nivel económico alcanzado y como consecuencia la proliferación de escuelas de cocina de alto nivel para satisfacer una sociedad que cada vez más disfruta del placer gastronomico.

Contrasta este refinamiento que supera las exigencias nutricionales, con el hambre que pasan los pueblos del tercer mundo, por supuesto sin escuelas de cocina ni cocineros tres estrellas, siendo sin duda la asignatura pendiente de nuestra sociedad, que tanto derrocha en armamento, con guerras crueles por la desconfianza y ansia de poder entre pueblos.

El creador, para conservar la especie humana ha puesto dentro de nosotros con toda intención, la capacidad de disfrutar de la comida y la sexualidad, fracasando diversos poderes, en sus intentos, de mermar este placer, con absurdos sacrificios, ayunos, abstinencias y el temido sexto mandamiento con su fuego eterno.

Hoy el temor a Dios, se ha transformado en amor dándole gracias por sus dones, disfrutando del comer y del amor. Ya lo dijo el poeta, que el uso del amor y del vino eran obras divinas.

Nos han ofrecido una exuberante naturaleza para que disfrutemos del néctar de sus frutas, y el sabor intenso del mar al saborear los moluscos, compartidos con una compañera, del que un artista no creyente dijo, que si dudaba de la existencia de Dios, era por la belleza de la mujer.

Si tuviéramos que comer los productos tal como nos da la naturaleza, tendríamos que privarnos de muchas exquisiteces, como el cacao incomestible tal cual, que fue rechazado por Colon. Una vez fermentado y tostado, resaltan todos sus sabores y gracias a una genialidad de unas monjas de Oxaca, añadiéndole azúcar, crearon una estrella en el firmamento gastronomico. Y que decir de la sencilla tortilla de patatas, la merluza koskera, hongos al homo, y la última creación de Andoni Aduriz, huevos cocidos a temperatura controlada, en un resultado sorprendente.

Esta es la grandeza de un confitero y un cocinero que realzan al máximo las cualidades de un producto, creando nuevas exquisiteces.

Los pobres animales, no tienen más remedio que nutrirse de lo que les brinda la naturaleza, sin ninguna manipulación, hasta que ha llegado el hombre con su egoísmo.

Por intereses económicos y sistemas inconfesables, manipulan su alimentación, con resultados negativos para la alimentación humana. Además, las pobres vacas, notan que su vientre crece de forma anormal, sin haber pasado por el Miura de turno. Ni más ni menos, lo que le pasaría a una joven en iguales circunstancias.

Agradezcamos sus dones a Dios disfrutando de la mesa y del amor que son dos días.